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Nota 1307- (3ª Época)

De esto y aquello

feb. 18, 2018 11:09

en Opinión

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez

Se ha llegado a un extremo tal de superficialidad, que los superficiales la abrazan como un tesoro, como algo querido, entrañable, y hasta creidos tiene sustancia; que ya es decir.  Sin tomar conciencia que son un hato importante de cerebros baldíos. Se les lleva por delante, ni bien sales a la calle o en casa leyendo los mismos titulares de ayer, anteayer y el año pasado.  Siempre se está por hacer lo mismo pero lo único que se puede medir es la merma intelectual de quienes se suceden y la manera de marear la perdiz; y poco importa el gran caudal humano, los hombres y mujeres que de verdad trabajan, que trajinan sus vidas a diario, sobrellevando como pueden las incertidumbres que no cesan. Porque quienes tienen el deber de la faena no acuden a plasmar certidumbres.

     Y curiosamente, los actuales, que hacen, aunque no les dejan hacer, que así está escrito, no saben decir lo que hacen y se sientan a discutir sobre asuntos ya sabidos desde inmemorial. Y aquí desde aquel famoso y olvidado Mayo. Discutir como llevar adelante la seguridad, sin herir en demasía al bandido o al golpista, y que salte un sandio del otro palo e incluso personajes  que saben de justicia gritando que no se les vaya de las manos y aparezca el gatillo fácil. Algo que sucedió allá lejos. Muchos que ahora gritan, mandaban en aquellos tiempos; y ahora, ven la tormenta o traen los vientos. O sea, todo patas para arriba. Y la nave va.

     Se suceden tiempos en que muchos que tienen -o tenían- el poder, desconocen su superficialidad y se largan a proclamany hacer lo que les viene en gana. No importa si han sido elegidos por elecciones o por elección del índice del amigo, ni tampoco importa, si son nacionales o extranjeros, pero sienten de golpe salir a la palestra para que lo recuerden con una gran obra. Y son simples, o sea ni siquiera saben por donde doblan las campanas; y en consecuencia rompen paises como Inglaterra  o se dicen las cosas más estúpidas como en Cataluña.  O  viéndose rodeados por el gobierno porque el poder ha cambiado de mano, o de camión, y salen a la calle, o a la carretera, para hacerse los machos. Y soberbios y engreídos,  salen destemplados y  a destiempo y al primer pitido de  zafarrancho,de espaldas a los obreros, destruyen la CGT que tanto “costó construir”, también a espaldas de los obreros; que no es de ellos ni para ellos.

     Y los peso pesados se trenzan en una serie de estupideces muy bien adobadas por cierto periodismo mermado de cabeza, pero necesitado de dibujar páginas, y en consecuencia, unos parece que debaten y otros jalean. Otro tanto ocurre con la justicia, o mejor dicho con algunos hombres y mujeres de la justicia que también están en la mira, porque algunos o  muchos, ayudan a construir y en ello andan, o prefieren andar, que la cosa va por otros andariveles,  y quedarían descolgados.  Pero no es menos cierto que quedan unos puñados que ayudan a destruir, y en una Argentina sin argentinos, escuchan las maledicencias como si fueran cantos de sirenas. O sea, que lo que queríamos ver no acontece y los titulares son los mismos  y donde nos descuidemos vamos a tener  -ya tenemos- carreteras por doquier y aviones que van a oscurecer el cielo  como las golondrinas de mi infancia que de improviso  salian para Africa y el pueblo quedaba triste y solo; quiero decir que habrá de todo pero parado y sin enjundia. Porque siguen con los gradualismos en todo y en todo se les va la mano. Habría que decirle al señor presidente que el dinero está escondido y lo tienen los que esperamos vayan a la cárcel. Con esas acciones sería más llevadero el gradualismo.

     Sin embargo, poco sucede. Se  repiten las mismas frases, y hasta puede llegar un momento que poco interese si alguien va a la cárcel, o si encuentran el dinero perdido. Incluso a algún munícipe. Quizá esperan pase el tiempo y todo caduque, porque parece que todos son del mismo palo; pero no se dan cuenta que está enjabonado. Y cuando aparecen las cuestiones límites y se tensan los problemas irresueltos, las gentes flojitas de ideas, atenten contra el carro ofendidas  y con los llantos se preguntarán como me hacen esto, con todo lo que les he dado, como apenado se preguntaba famoso intendente de estas latitudes, que perdedor, bordaba públicamente lo antedicho. Ya lo conocen. Y mientras los convecinos no lo votaban, él entraba al hemiciclo por un pelo y adentro está. O sea, lo encumbraron quienes no lo conocían, y lo apartaron quienes sí lo conocían; y desde niño. Pero me aparto, aunque todo marcha hacia lo mismo, es decir hacia el marasmo. Ahora, todos los que están por caer gritan, y tiemblan  los que han sido. Todos  hablan de persecución.

      Sin importarles, -o si- pero a la que salga, y son curiosamente los que perseguían, pero no se dan por aludidos y mienten que algo queda y todavía quedan muchos adictos a las mentiras, llamada posverdad. O  sin rubor alguno, enarbolan la Inquisición justo quienes han sido grandes inquisidores. O se echan al monte   y martillan  con que el gobierno ha dispuesto una caza de brujas. Justo los brujos del poder que recuerdan a Salem, aquella famosa ciudad del norte que disecaba un Miller. O quizá hayan leído el Martillo de las brujas, porque resulta que ahora todos anda con la desmemoria en la mochila. Por aquí mismo andaban a cuestas con las brujas y sus escobas, hasta hace un rato. Y por el país, hasta dos años atrás  las brujas y los brujos campaban a sus anchas ojeando y engualichando la patria, y no usaban móviles baratos, que montaban escobas de alta cilindrada y altísima gama. Y orondos se paseaban por los centros cívicos destruídos  ad hoc para que les viéramos el bigote y el lunar con pelos que es lo de las brujas.  

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